Hay días en que la vena no nos deja vivir. Odio, total y absoluto, hacia el 99% de la humanidad (y creo que me quedo corta). Es muy difícil darnos cuenta de lo que nosotros hacemos mal. Generalmente, las actitudes de los otros nos parecen aberrantes, espantosas; y frente a ellas se yergue nuestra verdad, a la que vemos como La Verdad.La sangre corre hirviente por nuestras venas, nos ponemos rojos y tenemos calor.
La vida adulta nos ha hecho enfrentar con situaciones de mierda: trámites, gestiones comerciales, discusiones con maestros de los hijos, mozos indiferentes, limpiavidrios, políticos, vecinos obsesivos, ex nuestras y de la pareja, puajjj, ¡Qué asco!....
Cómo se extraña la adolescencia, cuando teníamos tiempo para juntarnos con un amigo (sí, el mismo que ahora cuando le pedís una mano se hace el gil) solamente a escuchar un disco!
Pero bueno, acá estamos. Y a las venas habituales, les agregamos las pre menstruales. Creo que es hora de que los hombres acepten de una vez y para siempre que hay uno o dos día al mes en los que está todo mal. Irremediablemente, vemos todo espantoso y depresivo, sin sentido. Y los ataques de odio son memorables. Una amiga le pidió a su ginecólogo “algo” para esos días, argumentando su potencial peligrosidad, que según ella llegaría al homicidio.
Pero en general, a la vena nos enfrentamos hombres y mujeres. ¿Se acuerdan de “Un día de furia”, la película con Michael Douglas? ¿Quién no se sintió así alguna vez?
Cuando estás casada, las venas contra el marido son memorables: tanta exposición es demasiado, descubrimos las chicanas enseguida y queremos matar.
Sin embargo, las mujeres cuando se enojan llevan una extra: el síndrome de Mal Atendida (después no digan que no soy fina para hablar!). Si sos soltera, y pasaste los 30, es imposible que zafes de una discusión de trabajo por ejemplo, sin pasar por el temita de tu sexualidad y su, digamos, satisfacción.
Puede ser que si estuviéramos haciendo el amor veinte horas por día no tendríamos tiempo para discutir, pero….
Mariana dice que en su vida personal nadie, pero NADIE la envena tanto como su mamá. Y que ni cien años de terapia harán que no sienta vergüenza cada vez que está en una fiesta con ella.
Carolina cree que sus furias más grandes son contra los conductores y los peatones cuando va manejando.
Cintia odia fundamentalmente a los capitalistas salvajes, a la clase media del cacerolazo y a los radicales.
¿Qué cosas te dan más vena?¿Qué te pone más venoso? ¿Te pasó que si te enojás te digan mal atendida (la idea es horrible, pero la frase más)? Señorita Corazón, como una pipa.


